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jueves, 30 de julio de 2020

Rakso Opina: Los Deberes de Verano

Imagen de asi24 en Pixabay

Cuando pensamos en escuela, una de las cosas que se nos viene a la cabeza son los temidos deberes, esas tareas que nuestros maestros y maestras nos mandaban hacer en casa. En otros lugares hispanohablantes son llamados, simplemente, "la tarea", pero el idioma que rinde más justicia al término es, sin duda, el inglés: homework (trabajo para casa). Hasta hace unos pocos años, era imposible entender el colegio separado de los deberes, pero ya son muchos docentes los que se niegan a continuar con esta "tortura". Por supuesto, cada posición tiene sus argumentos y contraargumentos, sus pros y sus contras. Entonces, ¿para qué se mandan deberes de verano? ¿Cumplen su función? Los deberes habituales, de todos los días, sirven para repasar en casa contenidos que se han impartido en la escuela aquel día. Sin embargo, durante el verano, su propósito es muy distinto.

Siempre se ha dicho que, después de las vacaciones, el alumnado ya no se acuerda de nada de lo que supuestamente se aprendió el curso pasado. Esto, en realidad es una exageración. Es normal que de algo nos olvidemos por falta de práctica, pero, por lo general, sí se recuerdan los conceptos clave y las ideas que hemos interiorizado. Los deberes de verano, por lo tanto, se mandan para evitar ese reseteo anual. La memorización de conceptos implica su repetición, la cual es a su vez una parte imprescindible del aprendizaje. Se aprende a sumar haciendo una suma, y se domina la operación haciendo muchas más. Además, los deberes de verano son compatibles con el descanso y las vacaciones, así que el tiempo disponible para su realización ya no será un problema.

Sin embargo, lo que las personas pro-deberes no tienen en cuenta es que estas tareas no son concebidas por el alumnado y las familias como repaso, sino como castigo. Y es que también los padres sufren con los deberes, al verse obligados, en muchos casos, a ayudar a sus hijos. Y muchos dirán que la culpa es de esos padres, que los deberes son tareas de los niños. Y yo les digo: ¿podrían estar tranquilos por las tardes, oyendo como los compañeros de su hijo juegan fuera, mientras el suyo está peleándose con los deberes? Porque, además, el profesorado tampoco tiene en cuenta que cada niño tiene su propio ritmo de aprendizaje, y cinco tareas que unos pueden resolver en cinco minutos, otros llegan a tardar horas. Y no es que no sepan realizar esa actividad, sino que les lleva más tiempo. Por lo tanto, no, los deberes de verano no son compatibles con el descanso. Además, llegan a provocar odio por parte de alumnado y familias hacia los deberes y hacia el profesor en cuestión.

Así mismo, la parte crítica de una actividad es su realización, no su resultado. Es muy importante que el docente preste mucha atención a los procesos de resolución de su alumnado, ya que es ahí donde se pueden localizar errores y corregirlos. De nada sirve decirle a un alumno que el resultado de la cuenta matemática que ha hecho está mal. Si no se le indica el por qué del fallo, lo seguirá cometiendo. En resumen, es durante la resolución del problema cuando el maestro puede guiar a su alumnado. Este argumento, por sí sólo, no invalida los deberes, pero debería obligarnos a reservar gran parte del tiempo en el aula a la realización de actividades, y no a la corrección de las que se han hecho en casa.

Y aquí es donde me pongo serio. Muchas personas, maestros incluidos, criticarán estas palabras, pero no son más que la verdad: los deberes de verano desvelan una baja calidad educativa. ¿Por qué? Pues, como he dicho antes, no todo se olvida en las vacaciones, ya que, lo que se aprende de forma significativa, se queda en la cabeza. Como mucho, haría falta un pequeño repaso al inicio del nuevo curso. El aprendizaje significativo, para quien no comprenda estos términos, es un aprendizaje sacado de un contexto real, de contenidos que usamos cada día y con una función clara, partiendo de los conocimientos que el alumnado ya tiene sobre ese concepto y de forma motivadora.

Un ejemplo de actividad no significativa sería: "si Juan tiene catorce manzanas y le da tres a Nico, ¿cuántas manzanas le quedan?" Sinceramente, las manzanas que tengan o dejen de tener estas dos personas me importan entre poco y nada, así que no me motiva. Ahora bien, un ejemplo de actividad significativa sería: "el manzano del huerto de la escuela ha dado, este mes, catorce manzanas. Si de esas manzanas, tres estaban defectuosas, ¿cuántas podemos usar en el comedor escolar?" Aquí estamos hablando de unas manzanas reales que me voy a comer en el comedor de mi propio centro, así que sí me interesa saber de cuántas voy a disponer. ¿Se entiende la diferencia?

La cuestión es que si los aprendizajes realizados durante el curso son significativos, quiere decir que los saberes son funcionales, o sea, los usamos todos los días. Si este es el caso, los deberes de repaso son inútiles. ¿De qué le sirve a un niño hacer operaciones matemáticas sin ningún sentido para él, si cuando va al súper con sus padres ya está rodeado de sumas (los precios de los productos que va añadiendo al carrito); restas (el dinero que gasta);multiplicaciones (cuando compra dos veces el mismo producto); porcentajes (los descuentos); fracciones ("medio kilo de naranjas");... ¡Y esto no es ningún secreto! ¿Por qué se mandan deberes, entonces?

Porque los docentes desconfían de su capacidad de enseñanza. Así es. Ellos mismos saben que la metodología que emplean no es la ideal, y tienen miedo de que, a la vuelta, se demuestre su ineptitud como maestro cuando su alumnado regrese sin ningún tipo de conocimiento adquirido de forma significativa. Los deberes de verano ya no sirven para repasar, sino para paliar las consecuencias de un método de enseñanza-aprendizaje poco efectivo. Y la pregunta del millón: si saben que su metodología no funciona correctamente, ¿por qué no la cambian?

Pues por falta de costumbre, y esto nos pasa a todos. Aun conociendo un centenar de maneras de enseñar distintas, avaladas por estudiosos del campo educativo, todavía permanece en nosotros una cierta resistencia a cambiar la metodología de toda la vida. Tenemos muy inculcado el refrán de "si no está roto, no lo toques". Tanto los maestros, que tenemos miedo de usar una metodología nueva para nosotros y fallar en la educación del alumnado; las familias, que no conciben una forma distinta de educar a la que recibieron ellas; e incluso los propios niños, a los que muchas veces les cuesta adaptarse a las nuevas prácticas, por lo que el docente también debe planear una especie de proceso de adaptación.

Desde aquí quiero animar a todo docente con este tipo de preocupaciones a que pruebe en el próximo curso una nueva metodología, ya que, con esta situación tan excepcional que estamos a vivir, va a ser más necesaria que nunca. Comparte tus temores con tus alumnos, y embárcate con ellos en esta aventura que es el aprendizaje. Y no tengas miedo de preguntarle a otros profesores por consejo, de rectificar en tus acciones o incluso de fallar. Todos lo hacemos, el error forma parte del aprendizaje. Lo importante es ser consciente de ello y tomarlo como punto de partida para ser mejores docentes. Lo que sí os voy a pedir es que, por favor, ¡stop deberes de verano!


¡Hasta aquí la entrada de hoy! Me gustaría añadir que en ningún momento he dicho que vuestros hijos no deberían hacer los deberes de verano que le ha mandado su maestro, eso sería desautorizar a los docentes. Con esta entrada sólo pretendo informar sobre la verdadera naturaleza que esconden estas tareas. Tampoco es que los deberes en sí sean una mala práctica, ya que, en ciertos contextos, pueden ser una gran herramienta educativa. Eso sí, no estreséis a vuestros hijos y/o alumnos con ellos. Si no son capaces de hacer las tareas en casa, o no pueden por falta de tiempo, que no cunda el pánico. Ya se resolverán en clase al día siguiente. Después de todo, los padres, con el poco tiempo que tienen con sus hijos, deberían emplearlo en jugar con ellos, no en hacer deberes.

¿Y qué pensáis vosotros de este tema? ¿Habéis tenido alguna vez deberes de verano? ¿Y los deberes de todos los días? ¿Os ayudaban a aprender? ¡No tengáis miedo de compartir vuestras experiencias en los comentarios! Y, como siempre, si os gusta mi contenido, podéis seguirme clicando en el botón de Seguir, arriba a la derecha. ¡Además, ahora tengo twitter! Podéis seguirme en @LiteratoRakso para no perderos ninguna actualización del blog. ¡Y a veces subo microcuentos! ¿Qué más se puede pedir?

Yo me despido ya. ¡Buen día, y hasta la semana que viene! 😺

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